El esoterismo fomenta el arduo estudio de la naturaleza y sus seguidores son herederos de una filosofía eterna que hace tributo a la visión natural del mundo. Dicho de otra manera dentro del esoterismo no se cree en fantasmas, ni en milagros, ni en lo sobrenatural, ni mucho menos en que existen dioses que toman las decisiones en el destino de las personas.
Una persona es considerada iniciado cuando es admitida en el conocimiento del misterio de la naturaleza a través de un sistema de desarrollo personal. Cada iniciado es elegido con base a sus cualidades, especialmente las de orden moral. Al ser aceptado en la sociedad de iniciados se realiza una ceremonia de iniciación en la que se le dan ciertos conocimientos, que serán el fundamento para sus futuros estudios y vivencias. De ésta manera la ceremonia de iniciación es la puerta hacia un nuevo estado espiritual, en el que se da comienzo a una nueva forma de ser y de vivir.
Cuando el iniciado o seguidor del esoterismo ha logrado llevar una vida superior y se ha purificado a través de sus esfuerzos mentales, físicos y morales, almacena un poder interno y es entonces cuando llega al punto máximo de su preparación y posee el conocimiento necesario para usar dicho poder.
Lograr alcanzar el punto máximo de preparación es un verdadero reto, que inicia en uno mismo, ya que si se es capaz de cambiarse a sí mismo, se podrá ser capaz de realizar trabajos de mayor magnitud. Únicamente si se convierte en un nuevo ser humano, se podrá ejercer el poder, el poder de la sabiduría, no sólo para ser mejor, sino ayudar al progreso de la humanidad y ser mejor sociedad.
Definitivamente, el conocimiento que se logra mediante la práctica del esoterismo, no es un tesoro que se guarda celosamente en un cofre personal, sino al contrario es para compartirlo y ponerlo a disposición de todos y cada uno de las personas que habitan el universo, con el único objetivo de vivir en armonía.
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